Las princesas que creían que la vida era complicada y resultó serlo...
.Me parece extraño…
A veces mirar sin saber que es lo que veo.
Sentir sin saber lo que siento.
Extrañar un vacío aparente, después de todo ya no hay nada lejos.
Las distancias duelen más cuando son cercanas.
Había una vez dos princesas encantadas, o más bien desencantadas de la vida. Solían pasearse de aquí allá en la búsqueda de un bello príncipe azul. El problema era que cada vez que el príncipe supuestamente más bello de todo el reino llegaba ante ellas nada más no sentían que así fuera realmente. Algo anda mal con las princesas decía el reino entero deseando que alguna vez encontrasen príncipe azul que les pareciera bello.
Mientras todo el pueblo hablaba, una tarde por casualidad ambas decidieron apartarse de sus respectivos reinos, posiblemente en el bosque encontraran alguna emoción más fascinante que la luz de los castillos y los aburridos príncipes de sonrisa colgate. Lo que no se esperaban era encontrarse entre sí y parecerse mutuamente interesantes.
Ahí junto al río, la princesa del pueblo fiestero admiraba un ave pequeña que se había caído del nido. Ahí junto al río fue donde la princesa del pueblo revolucionario se encontró por primera vez con ella y admiró su largo cabello oscuro. Allí junto al río la princesa de cabello largo con una avecilla entre las manos sonrío a la encantadora princesa de los ojos bellos y se preguntó de dónde era tan encantadora ninfa.
Solamente una coincidencia, lo demás lo hicieron ellas. Tardes de verano eternas, sonrisas, deseos y de más. Era como un baile eterno del cuál no querían despertar.
Poco a poco los habitantes de los reinos se enteraron de la relación de las princesas. Ellas, considerándolo debido, anunciaron a su gente de confianza la unión que habían decidido. Uno que otro lo tomó muy bien, los demás anonadados decidieron que era mejor hacerles una vida complicada, no estaba bien que dos princesas tan encantadoras se quedaran sin su príncipe azul.
Los tiempos pasaron, a prisa como la brisa en otoño. Jamás dejaron de luchar por estar juntas pese a los problemas y el afán de todo mundo de verlas separadas. Las reinas muy enojadas por la decisión muy tonta de las princesas decidieron encerrarlas en calabozos hasta que se arrepintieran de sus actos. Así pasó una vida, o por lo menos así les pareció, entre los barrotes de una celda maltita, tratando de alcanzar, tratando de olvidar…
Muchos dicen que la presión fue más fuerte que el amor. Que poco a poco las princesas decidieron que era mejor estar lejos que tan encerradas pero nadie sabe las razones verdaderas. Incluso las princesas entre sí no saben las razones.
Cuenta la leyenda que cada una en su corazón lleva un misterio.
Que aun se ven de lejos y recuerdan.
Pero esas cosas que no se saben; esas cosas que posiblemente no se sepan queman dos corazones que se rehúsan a amar nuevamente.
Se dice que encontraron príncipes en el camino y que poco a poco lo desencantadas comenzó a notarse más hasta una noche en que una paloma blanca entró por la ventana de la princesa de los ojos bellos. Jamás dejé de amar. Y sonriendo como en muchos años no había hecho la guardó en su pecho sin saber el motivo de su felicidad. Sentía enojo por el tiempo, sentía decepción y muchas cosas más. Pero prefirió cerrar los ojos y pensar en las bellas tardes de verano junto al río. La paloma regresó al castillo de la princesa de la larga cabellera con una nota nueva que solo decía “¿por qué…?” y al leerla prometió a si misma que sería la última paloma que habría de mandar.
La respuesta quizá no fue paz. Quizá no fue una buena respuesta tampoco pero de ahí en adelante las princesas entendieron…
Todo aquello que debían entender.
A veces mirar sin saber que es lo que veo.
Sentir sin saber lo que siento.
Extrañar un vacío aparente, después de todo ya no hay nada lejos.
Las distancias duelen más cuando son cercanas.
Había una vez dos princesas encantadas, o más bien desencantadas de la vida. Solían pasearse de aquí allá en la búsqueda de un bello príncipe azul. El problema era que cada vez que el príncipe supuestamente más bello de todo el reino llegaba ante ellas nada más no sentían que así fuera realmente. Algo anda mal con las princesas decía el reino entero deseando que alguna vez encontrasen príncipe azul que les pareciera bello.
Mientras todo el pueblo hablaba, una tarde por casualidad ambas decidieron apartarse de sus respectivos reinos, posiblemente en el bosque encontraran alguna emoción más fascinante que la luz de los castillos y los aburridos príncipes de sonrisa colgate. Lo que no se esperaban era encontrarse entre sí y parecerse mutuamente interesantes.
Ahí junto al río, la princesa del pueblo fiestero admiraba un ave pequeña que se había caído del nido. Ahí junto al río fue donde la princesa del pueblo revolucionario se encontró por primera vez con ella y admiró su largo cabello oscuro. Allí junto al río la princesa de cabello largo con una avecilla entre las manos sonrío a la encantadora princesa de los ojos bellos y se preguntó de dónde era tan encantadora ninfa.
Solamente una coincidencia, lo demás lo hicieron ellas. Tardes de verano eternas, sonrisas, deseos y de más. Era como un baile eterno del cuál no querían despertar.
Poco a poco los habitantes de los reinos se enteraron de la relación de las princesas. Ellas, considerándolo debido, anunciaron a su gente de confianza la unión que habían decidido. Uno que otro lo tomó muy bien, los demás anonadados decidieron que era mejor hacerles una vida complicada, no estaba bien que dos princesas tan encantadoras se quedaran sin su príncipe azul.
Los tiempos pasaron, a prisa como la brisa en otoño. Jamás dejaron de luchar por estar juntas pese a los problemas y el afán de todo mundo de verlas separadas. Las reinas muy enojadas por la decisión muy tonta de las princesas decidieron encerrarlas en calabozos hasta que se arrepintieran de sus actos. Así pasó una vida, o por lo menos así les pareció, entre los barrotes de una celda maltita, tratando de alcanzar, tratando de olvidar…
Muchos dicen que la presión fue más fuerte que el amor. Que poco a poco las princesas decidieron que era mejor estar lejos que tan encerradas pero nadie sabe las razones verdaderas. Incluso las princesas entre sí no saben las razones.
Cuenta la leyenda que cada una en su corazón lleva un misterio.
Que aun se ven de lejos y recuerdan.
Pero esas cosas que no se saben; esas cosas que posiblemente no se sepan queman dos corazones que se rehúsan a amar nuevamente.
Se dice que encontraron príncipes en el camino y que poco a poco lo desencantadas comenzó a notarse más hasta una noche en que una paloma blanca entró por la ventana de la princesa de los ojos bellos. Jamás dejé de amar. Y sonriendo como en muchos años no había hecho la guardó en su pecho sin saber el motivo de su felicidad. Sentía enojo por el tiempo, sentía decepción y muchas cosas más. Pero prefirió cerrar los ojos y pensar en las bellas tardes de verano junto al río. La paloma regresó al castillo de la princesa de la larga cabellera con una nota nueva que solo decía “¿por qué…?” y al leerla prometió a si misma que sería la última paloma que habría de mandar.
La respuesta quizá no fue paz. Quizá no fue una buena respuesta tampoco pero de ahí en adelante las princesas entendieron…
Todo aquello que debían entender.
Y colorín colorado, este cuento jamás ha terminado.





